El tiempo avanza, las horas pasan y yo frente a una máquina. Una máquina inamovible, que se encarga de revolotear la vida de todos aquellos quienes las usan , la frecuentan , se hacen dependientes de ella. Una vil adicción que siempre termina torturándote.
Es la virtualidad de la que me siento dependiente, un universo paralelo en el cual debo valorar toda clase de cosas. Donde la realidad se transfigura, incluso los amigos. Atenta a una nueva notificación , twitteo o solicitud de amistad. Alerta frente a espionajes a escondida detrás del facebook.
Pero eso no es lo real, aunque para alguien adicto si lo parezca, que cree que el mundo completo le importa esa pelotudes, sin embargo, nada más sirve que para dejar mensajitos.
A veces aparezco o a veces me pierdo. Prefiero perderme, que seguir vagando por detalles que no tienen mayor importancia, cuestionando el por qué si o el por qué no.
Es un medio que me consume, que a pasado las fronteras de mis pensamientos. Que me tortura, casi definitivamente por completo.
Y nuevamente entro en ese mundo. Mundo paralelo y me embriago por completo.Los detalles vuelven a cobrar importancia. Y tanto me cuesta entender que cada uno usa ese mundo como quiere. Aunque ayude, y mucho, a consolidar relaciones humanas.Si te quedas fuera, es porque te perdiste.